LA INTERVESIÓN DE LOS SANTOS: UN PUENTE DE ORACIÓN ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

La oración es el arma más poderosa de todo cristiano y el vínculo que nos une a Dios y a toda la iglesia. Pedir a nuestros hermanos vivos que oren por nosotros es completamente natural. Cuando enfrentamos una dificultad o enfermedad, no dudamos en decirle a un amigo o familiar: “Reza por mí”. Entonces, ¿por qué algunos temen pedir la intercesión de los santos, aquellos que ya viven plenamente en la presencia de Dios?

Los santos no han desaparecido ni están lejos de nosotros. Al contrario, al estar más cerca de Dios, pueden presentarle nuestras peticiones de una manera aún más perfecta. Son parte de la misma Iglesia, pero en su estado glorioso. Por eso la Iglesia habla de la comunión de los santos, una familia espiritual que une a los fieles en la tierra con los que ya están en el cielo.

He conocido a personas de las iglesias Bautistas y de otras denominaciones protestantes. Es muy interesante hablar con ellos sobre la Biblia y compartir reflexiones. Sin embargo, he notado que sus rostros cambian por completo cuando se mencionan temas como la presencia real de Jesús en la Eucaristía, la Virgen María o los santos. Algunos incluso se sienten incómodos o molestos cuando surge el tema de pedir la intercesión de los santos.

La mayoría piensa que los católicos adoramos a los santos o que los ponemos en el lugar de Dios. Pero la Iglesia enseña algo muy diferente: solo Dios recibe adoración. Cuando los católicos “rezamos” a un santo, le pedimos que ore por nosotros, de la misma manera que le pediríamos a un amigo que orara por nuestras necesidades.

La Biblia nos anima a rezar unos por otros y nos ofrece imágenes claras del cielo, donde vemos a los santos participando en la oración de la Iglesia. El libro del Apocalipsis describe cómo los santos presentan las oraciones de los fieles ante Dios como copas de oro llenas de incienso. Más adelante, se muestra a un ángel ofreciendo las oraciones de los santos ante el trono de Dios. Estas imágenes revelan que en el cielo hay una verdadera intercesión por los creyentes en la tierra.

Los santos no realizan milagros por sí mismos ni reemplazan a Dios. Todo proviene de Jesucristo, el único Salvador y mediador. Pero en Su amor, Dios permite que Sus hijos participen en Su obra, incluso desde el cielo.

Cada santo es un testimonio de que la santidad es posible y de que la vida en Dios es eterna.

Si aún no hemos pedido la intercesión de los santos, ¿cómo podemos empezar?

Es muy sencillo. Podemos empezar por conocer la vida de los santos más conocidos y, poco a poco, aprender de los otros menos conocidos. En la tradición de la Iglesia, algunos santos son invocados de forma especial para necesidades específicas, podemos pedir su intercesión con una oración breve y sencilla. Otra hermosa práctica es rezar la Letanía de los Santos, una oración tradicional en la que pedimos la intercesión de muchos santos de la Iglesia. También podemos llevar un calendario de sus festividades, días especiales en la Iglesia Católica dedicados a recordar su ejemplo y pedir sus oraciones.

Al acudir a los santos con humildad y confianza, recordamos que la Iglesia no se limita a esta tierra, sino que es una comunidad viva que une el cielo y la tierra en una sola oración.

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